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La otra epidemia de México: Mujeres asesinadas

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Un creciente movimiento feminista en México exige que se actúe sobre el problema del feminicidio en el país.

Por Alejandra Márquez Guajardo

La violencia doméstica se ha disparado en México durante su encierro relacionado con el coronavirus. Según una red nacional de refugios para mujeres, las llamadas de ayuda aumentaron un 60% en abril.

Sin embargo, incluso antes de la pandemia, las mujeres de México se sentían asediadas. En uno de los países más violentos del mundo, las mujeres son violadas, asesinadas y secuestradas con una frecuencia asombrosa, y el problema va en aumento.

Cuando empecé a impartir clases sobre violencia de género en mis clases de estudios latinoamericanos en 2018, en México se produjeron siete feminicidios -el término legal para el asesinato de una mujer- al día. Este año, en promedio, 10 mujeres mexicanas son asesinadas cada día.

Los feminicidios cotidianos

En febrero, justo antes de que se produjera la pandemia, dos horribles asesinatos que tuvieron lugar con días de diferencia en la Ciudad de México fueron noticia en los titulares nacionales.

A mediados de mes, Ingrid Escamilla, de 25 años de edad, fue asesinada, despellejada y parcialmente destripada. Su cuerpo mutilado se convirtió en un espectáculo público después de que la policía que respondió en la escena filtró imágenes que los medios de comunicación reprodujeron. Días más tarde, Fátima Aldrighett, de siete años de edad, secuestrada mientras esperaba que su madre la recogiera de la escuela, fue encontrada desnuda en una bolsa de plástico. La policía identificó signos de abuso sexual y tortura.

Aunque el vídeo de vigilancia dio lugar a la detención de dos personas por el caso de Aldrighett, el asesinato de Escamilla sigue sin resolverse, un resultado común de las investigaciones de asesinatos en México.

En enero, las artistas feministas llenaron la plaza principal de la Ciudad de México con zapatos rojos para conmemorar a las mujeres desaparecidas y asesinadas del país. Eyepix/NurPhoto via Getty Images

Después de los dos horribles asesinatos en una semana, el Presidente Andrés Manuel López Obrador culpó de la violencia contra las mujeres a las políticas neoliberales de sus predecesores de la derecha y descartó el creciente movimiento feminista de México como un complot orquestado por su oposición de derecha.

La respuesta desdeñosa del gobierno mexicano a los feminicidios provocó intensas críticas de las feministas, y en marzo el gobierno de López Obrador dio a conocer un plan integral para proteger a las mujeres mexicanas. Prometió reabrir los refugios para la violencia doméstica y las guarderías financiadas por el gobierno que fueron cerradas debido a los recortes presupuestarios del año pasado y lanzar una aplicación para teléfonos inteligentes para denunciar el acoso en las calles.

Un día sin mujeres

A pesar de la propuesta, el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se estima que entre 80.000 y 120.000 mujeres (según datos oficiales, aunque los grupos feministas sostienen que esta cifra se acerca a 120.000) marcharon en la Ciudad de México y en todo el país para exigir que el gobierno implemente políticas para proteger a las mujeres, tome en serio las investigaciones de femicidio y haga justicia para las víctimas y sus familias.

Los objetivos de la protesta me recordaron la labor de la antropóloga Rita Segato, que insiste en que los feminicidios no pueden considerarse como un acto de individuos solitarios y enfermos. Más bien, dice Segato, los asesinatos de mujeres son el resultado de un sistema más amplio de opresión y control sobre los cuerpos de las mujeres.

Las movilizaciones feministas de México continuaron al día siguiente, 9 de marzo, con una huelga de mujeres llamada “Un día sin nosotras”. A pesar de algunas críticas a la huelga como una iniciativa de élite a la que sólo pueden acceder quienes pueden permitirse quedarse en casa y no trabajar, circularon por Internet imágenes de aulas, subterráneos y calles medio vacías en todo el país.

A las dos semanas de las protestas feministas consecutivas, México comenzaría a cerrar como resultado de la pandemia del coronavirus. La atención de la nación se desviaría, comprensiblemente, de los asesinatos de mujeres y se dirigiría hacia la salud pública. Más de 8.000 personas en México han muerto desde entonces por el COVID-19.

Pero los feminicidios son un gran problema de salud pública para México también, uno que durará más que la pandemia. Según el gobierno, 367 mujeres fueron asesinadas entre mediados de marzo y mediados de abril, el primer mes de distanciamiento social. La primavera pasada, hubo unos 300 femicidios al mes.

Varias de las víctimas recientes de México fueron niñas, como Ana Paola, de 13 años, que fue violada y asesinada dentro de su casa en el norte de México el 2 de abril.

La protesta del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, fue una de las últimas grandes reuniones públicas de México antes de la pandemia. Jair Cabrera Torres/dpa vía Getty Images

Significado de la misoginia

Cuando enseño sobre el problema de los feminicidios en México, hablo con mis alumnos sobre la misoginia. Utilizo esa palabra no en su sentido común, para significar el odio a las mujeres, sino más bien en la forma en que la autora Kate Manne lo define en su libro de 2017 “Down Girl: La lógica de la misoginia”.

Para Manne, la misoginia es la “vigilancia de la subordinación de la mujer” en las sociedades patriarcales – la forma en que la gente condena a las mujeres que no se adhieren a las expectativas sociales. Este instinto se ha puesto de manifiesto en México, en forma de una reacción contra los esfuerzos de las feministas por colocar la violencia de género en un lugar más destacado de la agenda pública.

El caso de Karen Espíndola, ocurrido en diciembre de 2019, es un buen ejemplo de cómo funciona esta misoginia social. Espíndola, una mujer de 30 años de la Ciudad de México, envió un mensaje de texto a su madre una noche tarde sobre sentirse insegura en un taxi. Cuando no llegó a casa, su hermano publicó sus mensajes en línea. Preocupados por su secuestro, la gente de todo México se movilizó para encontrarla.

Resulta que Espíndola estaba bien. Simplemente quería quedarse más tiempo en una fiesta, le envió un mensaje a su madre para ganar tiempo, y luego apagó su teléfono.

Aunque Espíndola se disculpó por haber iniciado sin querer una cacería humana en los medios sociales, recibió amenazas de muerte. Los medios de comunicación mostraron imágenes de vigilancia de un bar en el que Espíndola apareció bebiendo con hombres, alimentando una narración de que su comportamiento en público era inapropiado. Twitter consideró que su #KarenMentirosa – #LyingKaren.

Espíndola finalmente salió en la televisión nacional para pedir perdón por la fiesta, por salir con hombres. En resumen, se disculpó por no haber sido secuestrada.
COVID-19 y la violencia

El presidente López Obrador también sigue restando importancia al problema de la violencia contra la mujer, afirmando sin fundamento fáctico que “el 90%” de las llamadas a las líneas telefónicas de ayuda para el abuso doméstico son falsas”. Pero otros miembros de su administración parecen estar tomando el tema más seriamente.

“Tenemos un sistema patriarcal”, dijo la Secretaria de Gobernación mexicana Olga Sánchez Cordero el 20 de mayo, confirmando el compromiso de la administración de estudiar el problema de la violencia de género en México y proponer soluciones concretas y factibles.

El 26 de mayo, la oficina de Sánchez Cordero dio a conocer su informe, en el que dijo que las autoridades mexicanas habían carecido de coordinación en las investigaciones sobre femicidio y prometió reestructurar la forma en que las diversas agencias federales trabajan juntas para resolver estos crímenes.

Más tarde, ese mismo día, el gobierno lanzó una campaña de concienciación pública sobre la violencia doméstica. ¿Su solución concreta y accionable para los feminicidios? Aconsejar a los hombres que se sienten enojados que respiren profundo y “cuenten hasta 10”.

Alejandra Márquez Guajardo, Profesora Adjunta de Español, Universidad Estatal de Michigan

Este artículo es republicado de La Conversación bajo una licencia de Creative Commons.

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