Salvador Rangel Mendoza alertó que con las reformas aprobadas por el Congreso de Guerrero pueden desaparecer grupos ciudadanos que se han organizado para enfrentar la inseguridad, sin que se haya resuelto el problema de la violencia en distintas regiones. Subrayó que “todo Guerrero está en manos de los narcotraficantes”.

Por Lourdes Chávez

Chilpancingo/Ciudad de México, 20 de agosto (SinEmbargo).- El obispo de la diócesis Chilpancingo-Chilapa, Salvador Rangel Mendoza, dijo que aunque no se puede negar la existencia de grupos comunitarios que responden a intereses de la delincuencia, otros son auténticos, de la población, y el perseguirlos los obligaría a actuar en la clandestinidad, como guerrillas.

También expresó su preocupación por la reforma que borra a la policías comunitarias de la Constitución, porque pueden desaparecer grupos ciudadanos que se han organizado para enfrentar la inseguridad, sin que se haya resuelto el problema de la violencia en distintas regiones. Subrayó que “todo Guerrero está en manos de los narcotraficantes”.

Rangel Mendoza opinó que el Congreso del Estado se apresuró al aprobar la iniciativa de legalización de la amapola con fines medicinales, sin hacer un análisis científico de la planta guerrerense, que aseguró, no es la papaver somniferum o adormidera que se cultiva en Afganistan, sino otra variedad.

Consideró adecuado que Guerrero abra el debate nacional sobre la legalización de la amapola con fines medicinales, con la aprobación en el Congreso de una iniciativa que enviarán al Senado. El prelado siempre se pronunció a favor.

Sin embargo, estimó que los diputados se apresuraron, porque aún no hay estudios que indiquen si con la amapola guerrerense se puede producir morfina.

“No sé si los diputados se dieron cuenta de que la amapola es prima hermana de la adormidera que se cultiva en Afganistán y la India. No estoy seguro de que (de la variedad mexicana) salga morfina”. Los invitó a hacer el estudio para determinar si con la goma de la amapola se puede extraer morfina.

Confirmó que la legalización de la amapola sería de gran ayuda para los campesinos que viven en situación de miseria, pero insistió en que no es lo mismo la amapola de Guerrero con la adormidera y, por lo tanto, un estudio lo resolvería la incógnita.

Precisó también que no apoya la legalización de la amapola para el uso lúdico de drogas, sino sólo para uso medicinal, y las Naciones Unidas tienen lineamientos con los que México podría argumentar. No obstante, añadió que las empresas farmacéuticas transnacionales que sintetizan la morfina y la importan a México, no van a estar de acuerdo.

Sobre la reformas a los derechos de los pueblos indígenas y afromericanos, en particular a la Ley 701, de Reconocimiento Derechos y Cultura Indígena, aclaró que no conoce el tema de fondo; sin embargo, sí ha visto en comunidades el vacío de la autoridad que llevó a los ciudadanos a integrar grupos de policías comunitarias, porque “no hay quien los defienda también de otros grupos, de otras policías comunitarias y grupos de narcotráfico”.

Consideró que si la reforma tiene la intención de suprimirlas, “¿quién las va a defender, si todo Guerrero está en manos de los narcotraficantes?”.

Luego añadió: “Tampoco vamos a tapar el sol con un dedo, muchos policías comunitarios están al servicio de los narcotraficantes, (el gobierno) tiene que ir con mucha sabiduría para identificar quiénes son las verdaderas policías comunitarias, porque muchas veces sí sirven a la comunidad”.

Pidió al gobierno estatal ir con calma y examinar la situación, para que los pueblos no se queden en la indefensión. “Conociendo a Guerrero, puedo prever que, hasta el último rincón de mi diócesis, si suprimen las policías comunitarias, serán clandestinas, hasta guerrillas privadas o particulares”.

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