La tan temible anomia

Por Raúl Pérez García

Acapulco, Chilpancingo y otras ciudades guerrerenses están en manos del crimen organizado, y ante la evidencia, digamos moral, de los hechos, es una temeridad negarlo.

En el municipio de Acapulco, tanto en la zona urbana como en la rural o suburbana, los asesinatos – ejecuciones les llaman—ya dejaron de ser noticia sensacionalista, pues no hay emoción acompañada de una conmoción somática, pero sí hay pasión del ánimo que hace a la población huir de lo que considera dañoso, arriesgado y peligroso.

Ese temor obligó al cierre de docenas de escuelas recientemente, y como en el caso de la populosa colonia Jardín, a un toque de queda establecido por la población.

El Ejército, Marina Armada y la Policía Estatal, llevan a cabo una vigilancia permanente en dicha colonia, pero lo cierto es que esa vigilancia intensiva debe extenderse a todas las colonias, comisarías y delegaciones municipales, pues a Acapulco, como a Chilpancingo, hay que rescatarlo del crimen organizado, para después salvar al resto de los municipios de esa calamidad.

Dicho rescate es una obligación de los tres niveles de gobierno, aunque la responsabilidad primaria recae en el municipio –prevención del delito—y en el gobierno estatal investigar y aprehender a los delincuentes del orden común.

La responsabilidad secundaria es del gobierno federal: la portación de armas exclusivas de las fuerzas armadas, el narcotráfico y otros delitos más, corresponde a la federación combatirlos. La participación del Ejército y la Marina Armada es un apoyo invaluable, sobre todo por la certeza de que las policías locales están al servicio de los grupos delincuenciales.

No nos atrevemos a afirmar que en Guerrero hay ausencia de la ley: la tan temible anomia que los sociólogos consideran un lastre para el desarrollo social.

  • Las leyes allí están, sólo que su aplicación es incompleta.
  • ¿Por qué?
  • Por la corrupción.
  • ¿La policías Preventiva y Vial de Acapulco y de Chilpancingo, son confiables?
  • Podemos decir sin ambages que no.

Sus elementos no están acreditados, y continúan bajo sospecha de estar al servicio de los criminales.

Si esto último es cierto, el combate al crimen, organizado o desorganizado, debe empezar por las policías municipales, pues como dijo Cantinflas en una de sus películas: “Ahí está el detalle”.

Mientras tanto, algunas de las escuelas que cerraron por el temor de la población, ya están funcionando. Esto es un paso muy importante, pero faltan más pasos, algunos largos y otros cortos, pero constantes, hasta devolver la tranquilidad no sólo a la colonia Jardín de Acapulco, sino a todo el estado de Guerrero.

Es un derecho de los guerrerenses y es una obligación gubernamental el garantizarlo.